El cielo puede esperar

12/07/2009

Esos ojitos

Filed under: Actualidad,Libros,Relatos — Javier @ 10:24

La Semana Negra de Gijón ha empezado. No esperen este año esas humildes crónicas diarias, entre el trabajo, el puesto y el pequeño y rubio terremoto llamado Guillermo, el tiempo y las ganas son más bien pocas. 

Escribo estas lineas tumbado en mi cama, con una manta eléctrica debajo de mi y empastillado hasta las cejas. La edad, los libros y el clima han acabado por hacer estallar mi lumbago y esta noche parecía uno de los zombis de Max Brooks tratando de ir a la cama desde el salón. La mezcla de comicidad y tragedia era digna de grabar. Los ojos de mi hijo esta mana viendo tratar de levantarse a su padre eran parecidos a los de los autores de la Semana Negra buscando sus libros en los puestos de las librerías.
El escritor en cuestión se acerca, con esa sonrisa mezcla de inocencia y orgullo tratando de ver su o sus libros expuestos (y muy bien expuestos). Pero no los ve, mira, se ríe, curiosea entre todos los títulos a su alcance y comienza a mover la cabeza mirando más allá del puesto, mirando al librero, mirando hacia atrás buscando una explicación. Entonces (supongo) que se da cuenta de que el puesto es grande y que sería una soberana estupidez que todos esos metros fueran solo para sus obras (estupidez, pero que sería genial). Así que comienza a caminar los metros del stand buscando ver su nombre impreso en una portada. Por otra parte yo me fijo en el distintivo que cuelga de su cuello y me aseguro de que su ´último libro está donde debe de estar, pero (supongo que por sadismo profesional) no se lo digo y dejo que sufra hasta que lo vea el mismo.
Frío, frío, templado, te vas a quemar, te quemas…. te quemaste. Allí estaba, la sonrisa vuelve a aparecer y orgulloso lo levanta, lo mira como si acabara de encontrar a un hijo perdido desde hacía años y lo vuelve a poner en su sitio. El está contento, yo estoy contento, el mundo está contento.
Entiendo que escribir un libro es tarea complicada (excepto para Cesar Vidal), pero aprovecho este cuaderno para decirles a los autores que exponer sus obras, con la cantidad de ellas que hay en el mercado, sin contar las tropecientasmil novedades que salen a la semana es más que complicado, pero no se preocupen, siempre están, siempre aparecen, siempre se pedirán. no se enfaden con nadie si no las ven, siempre están ahí.
Saludos.
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20/07/2008

Salpicaduras

Filed under: Amistad,Ida de olla,Relatos — Javier @ 10:36

Todo el mundo es culpable, todos los hombres tienen su mancha (sus manchas en algún caso), todos serán culpables de haberlo hecho. Pero es mi turno y voy a hacerlo bien y yo no dejaré rastro, no podrán pillarme.

Aquí lo tengo, es grande, pero voy a hacerlo con el mayor de los cuidados. Alguien me dice que me cubra, que esas manchas no se van con facilidad… me lo dice alguien con tres o cuatro salpicaduras en su camisa. Hay que apretar bien, tengo los instrumentos necesarios y lo hago. Bien, la primer parte sale muy bien, miro a mi alrededor para que nade se de cuenta de que estoy nervioso; algunos me miran, esperan el accidente. Segunda parte, uso las herramientas necesarias y el cadáver va haciéndose cada vez más pequeño, cada vez en más piezas. Sigo sin pruebas en mi camisa.

Llega la parte complicada, los miembros. El primero sale bien, sigo mirando a mi alrededor, parece que nadie se esté fijando en mi. Me confío, clavo y giro “chack” suena. “No, no, no”, camisa, corbata… manchas. Cierro los ojos y pienso que son pequeñas, que apenas se notan. No me dirá nada.

“Javi, ya te marchaste la corbata” Me dice María

Maldito Bugre del Cantábrico flambeado con Brandy en su caldito.

Si no es por este pequeño accidente, la boda estupenda. Deseo a los novios una vida llena de felicidad y de bugres.

Mención a parte, pido disculpas a mi mujer por tener un acompañante bailarín tan asombrósamente penoso, hay testigos que corroborarán que lo intento, pero más que dar vueltas y de no doblar mi espalda no puedo hacer.

Camarero… otro Vermut

04/07/2008

Diario de un Peón

Filed under: Ida de olla,Relatos — Javier @ 18:12


Leído en el muy recomendable Microsiervos

27 de junio de 2008 (…) La batalla comenzó hoy, y… ¡adivina quién fue el primero en saltar al campo! Madre estaría orgullosa del salto de dos casillas que hice.

28 de junio de 2008 (…) Vaya, descubrieron uno de mis puntos débiles. Un peón rival está situado delante de mi. Estoy atascado hasta que el cabrón se mueva o le maten.

1 de julio de 2008 (…) Bueno, he hablado con el peón que tengo delante. Se llama Bill. Un tipo muy majo, de hecho. Está tan frustrado como yo.

2 de julio de 2008 (…) Nada que contar hoy.

3 de julio de 2008 (…) Nada.

4 de julio de 2008 (…) Nada.

25 de diciembre de 2008 (…) El comandante (…) qué cabrón. Me deja aquí cinco puñeteros meses solo para que ahora me pueda matar cualquier peón adversario. Me he quedado sin protección y mi muerte es segura. Bill murió hace dos meses. Echo de menos a ese viejo cabronazo

Genial

01/06/2008

El problema

Filed under: Relatos — Javier @ 17:59

El problema viene cuando tienes que deshacerte de ella y no quieres. Incluso sabes que será otro el que lo vaya a hacer y que no será tan doloroso como algunos decían, aunque eso no lo sabrás hasta el momento justo.

La duda viene cuando cierras el trato: ¿De verdad es necesario quitarla de en medio? ¿De verdad es tan molesta?. Sí, duele, pero también sabes que sin ella todo irá mejor.

Lo cierras todo: el día, la hora, el precio; incluso te dicen como va a ser, qué pasos seguirá y que no sufrirá.

Y llega el día y sabes que te levantas por la mañana con ella a tu lado, pero que te acostarás solo.

Es curioso como ese último día parece que no es tan molesta, en el trabajo apenas notas su presencia, durante la comida tampoco. Pero sabes que es un placebo producido por los nervios. Acabará apareciendo de nuevo, molestando como siempre, en las comidas, en las reuniones, siempre está ahí.

No hay vuelta atrás.

El es un profesional, sabe hacer su trabajo. Te ha dicho que no sufrirá y que incluso no habrá mucha sangre de por medio, pero aún así, te levantas nervioso, como si supieras que lo que te han dicho no va a ser cierto y que te dolerá, sufrirás y habrá sangre, mucha sangre.

Y allí estás. Esperando tu turno.

Y lo único que esperas es que la anestesia dure lo suficiente.

“Malditos dentistas” Piensas.

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